miércoles, 22 de julio de 2009

Místico publicado en blog

El poema titulado Místico, que ya tuvo su oportunidad en una entrada anterior de este blog, ha sido publicado en el espacio literario de la red Antología Literaria, en el que se publican obras de escritores latinoamericanos.
La citada publicación permite y alienta el comentario y la opinión merecida por los textos expuestos.

Podéis acceder al mismo a través de la siguiente dirección:

jueves, 16 de julio de 2009

La verdad de Stephan, relato galardonado

El relato "La verdad de Stephan" ha obtenido el Segundo Premio, en el apartado de relatos de viaje, de la Segunda Edición de Premios FIMBA de Literatura 2009.
El fallo se dio a conocer dentro de la Tercera Edición de los Premios Eduardo de Literatura 2009, convocado por Umbrales Ediciones y FIMBA.
En la categoría de relatos de viaje, "La verdad de Stephan" fue declarado segundo entre 131 participantes.

domingo, 12 de julio de 2009

Conversaciones con Octavio (y II)


Dice Octavio:

NUEVO ROSTRO

La noche borra noches en tu rostro,
derrama aceites en tus secos párpados,
quema en tu frente el pensamiento
y atrás del pensamiento la memoria.
Entre las sombras que te anegan
otro rostro amanece.
Y siento que a mi lado
no eres tú la que duerme,
sino la niña aquella que fuiste
y que esperaba sólo que durmieras
para volver y conocerme.


Y yo le contesto:

Primero son los ojos;
después, reflejo invertido;
un rincón de memoria
y, por último,
tenaz olvido.

El poema de Octavio está extraido de Libertad bajo palabra; el mío, de Conversaciones con Octavio.

miércoles, 8 de julio de 2009

Conversaciones con Octavio

Siempre que tomo un libro de poesía, he de coger un lápiz, porque no hay ocasión en que no acabe garabateando en sus márgenes, entre los poemas editados, mis propios versos, en una suerte de conversación con el autor del libro. Sus versos hacen surgir los míos, como una charla entre poetas. Y si hay un poeta con el que mantengo mis diálogos más luminosos, es con mi favorito, Octavio Paz.

Hojeo un ejemplar (tengo dos) de Libertad bajo palabra y, aún antes de llegar al primer poema, escribo:

I.

Vienes conmigo
ahora,
querido Octavio,
en mi bolsa,
como un amigo,
colgado del hombro,
agarrado a mi brazo,
camarada.
Al alcance de la mano,
como la herida del costado,
afable, obscuro, verde y ventoso,
poeta.
Ya no camino solo,
voy conversando
con Octavio,
apesadumbrado, entusiasmado,
ilusionado,
asombrado,
apasionado.

Después, subrayo algunos de sus versos, los que me llegan más dentro. Junto a algunos de sus poemas escribo otros míos, animados por la conversación. De ahí surgió el poemario Conversaciones con Octavio, formado por veintiuna composiciones. Quiero creer que son momentos entrañables entre dos poetas que hablan de sus cosas, de sus imaginarios compartidos y que a Octavio le habría gustado conversar de este modo.

lunes, 29 de junio de 2009

Voz de poeta

XII.

Cierro la ventana
y queda el viento fuera
y el vaivén de la lavanda.

Cierro la ventana
y queda mi cuerpo dentro
y con él sus mil hazañas.

Cierro la ventana
y queda el olivo fuera
y la sorpresa de su grana.

Cierro la ventana
y queda mi sueño dentro,
lo mismo hoy que mañana.

Lo siento, es más que promesa,
quede dentro o quede fuera
mi voz es, ya, voz de poeta.
De Penumbras sobre un mar de espumas, por Juan Enrique Soto

martes, 23 de junio de 2009

Anclas en tierra seca

El mar se ha secado. Los barcos están despanzurrados por todas partes. Los cofres de los antiguos galeones y barcos piratas han sido saqueados en menos de un día. Los peces boquearon más o menos. ¡Qué bonito es el coral! ¡Cuántos colores! Los ríos no saben qué hacer en los deltas. ¡Vamos a morir todos! Ya no hay primera línea de playa. Podemos ir en coche a cualquier parte. Sólo se podrá pescar en los ríos, lagos y balsas. Subirá el precio de la sal. Ya no se podrá gritar ¡tierra! Toda la marinería sin trabajo. Los lobos de mar lo serán sólo en los libros. ¡Cuánta tierra por explorar! Ya no son necesarias las velas ni los remos, ni los timoneles. Los polizones tendrán que coger el tren. ¡Vamos a morir todos! No se podrá decir: el azul del mar. No habrá maremotos. Será fácil encontrar conchas. Nadie morirá en naufragios. ¿Dónde se reflejará la luna? ¡Vaya! ¡Se me olvidó contar las olas!
No, no me gusta que se haya secado el mar. Moriremos todos. Lentamente. No pienso esperar en lo que fue la orilla. ¡Niño! ¡Acércame ese ancla! Que me lo voy a atar al cuello. Que me voy a sentar en lo más hondo, más hondo de este seco puerto.

miércoles, 17 de junio de 2009

En el callejón

Estaba sentado en el bordillo, el único del estrecho callejón, frente a un gato, sentado como él, que le miraba. El sombrero le caía sobre los ojos y las manos se anudaban en la nuca, mientras se miraba, sin ver, los zapatos negros.
Se encontraba cansado, hastiado, de huir, de esconderse, y también de los callejones oscuros, de las sucias habitaciones de motel, hostal o burdel. No le quedaban amigos a los que confiarse, cualquiera era capaz de venderle por un puñado de billetes o por miedo.
Sí, les había delatado. No estaba mal el puñado de billetes que a él le ofrecieron. Para tentar a cualquiera. Pero a él le engañaron. Resultaba más barato dejarle, sin pagar, por supuesto. Ya se ocuparían ellos, los otros, de cobrarse.
Ahora le buscaban. Y la ciudad había encogido, tanto que no cabían ni los guardias que pudieran protegerle. Era sólo cuestión de tiempo. Ellos, los otros, lo tienen todo, el tiempo, y buena memoria, no olvidan así como así.
Y se encontraba cansado, hastiado, tanto que ya su vida valía sólo unos cuartos, pocos. Eso lo sabía el gato que, como gato que era, en cuanto vio las luces, dos, acercarse por el otro lado, corrió a esconderse.
Sonaron rápido, como uno solo, pero fueron dos. Dos disparos. El gato fue, de nuevo, el único dueño del callejón después de que se hubo rascado el lomo en el cuerpo ensangrentado, junto al sombrero, caído de lado, del delator.